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La Domesticación

paleontologia

La relación duradera entre el hombre y el perro es realmente antigua. Pinturas encontradas en cuevas muestran  al hombre y al perro saliendo a cazar juntos, y los huesos encontrados en excavaciones hechas en exploraciones arqueológicas muestran que los perros han vivido junto con el hombre durante al menos 14.000 años.

Las teorías acerca de cómo esta relación se formó originalmente abundan. La creencia más común es que los lobos comenzaron a merodear  alrededor de los campamentos humanos, obteniendo su  alimentación de los residuos y restos de comida. A cambio de este suministro gratuito de alimentos, los lobos actuaron como un sistema de alerta temprana para el hombre ante la presencia de animales peligrosos e incluso acompañándolo en las cacerías con el fin de compartir la matanza. Tal vez algunos niños pudieron haber  encontrado un  cachorro de lobo y decidieron mantenerlo como de su propiedad y así asegurarse de hacerlo dócil, conservandolo y dando origen ciertamente a la primer mascota.

Sin embargo, estudios más recientes han comenzado a cuestionar la imagen vista del inicio de la relación Perro / Humano dado que los  lobos son animales realmente salvajes. Ellos son verdaderos depredadores,  expertos cazadores y su apariencia no dice lo contrario. Y en efecto,  incluso cuando algunos lobos han sido criados de la mano del hombre desde el nacimiento y totalmente como animales domésticos, con el tiempo, por su propio instinto bien desarrollado  de depredadores, su tendencia sería inevitablemente volver a un estilo de vida natural de caza si se les da la oportunidad.

Estos hallazgos han llevado a los científicos a explorar la posibilidad de que la historia del perro es algo más complicada y aun así inexorablemente  conectada con la vida de la humanidad. Hay una pequeña duda que al tiempo en que el estilo de vida del humano cambió de cazador nómada a sedentario, los  lobos deben haber tendido a  congregarse alrededor de los basureros  de las aldeas en los que debe haber habido residuos que podrían haber sido una buena fuente de alimento y por esta razón esos lobos tenderían  a tener cada día menos miedo del hombre que con el tiempo se convertiría en su proveedor alimenticio. Otra teoría que nace de lo anterior es que  la gente probablemente pudo haber utilizado también al lobo como alimento;  Algunos de los cachorros “mejor dotados” podrían haber sido llevados al interior de los campamentos para ser “engordados” y se utilizarían como una fuente de alimento fácil de obtener, mientras que otros que mostraron habilidad para ahuyentar a los animales salvajes o alertar a las personas de los peligros,  se podrían haber escapado de la olla y se convertirían en perros guardianes. En este punto, es probable que algún tipo de cambio genético se pudiera haber  llevado a cabo. El hombre había mantenido de forma selectiva ciertos caracteres deseables  de los lobos menos reactivos con comportamientos más amigables para él,  y esto es lo que quedó  en la composición genética dando lugar a la función zootécnica básica del perro.

EL ORIGEN DE LA RELACIÓN Y LAS RAZAS

Para llegar a ser una parte efectiva de un equipo de caza, un lobo adulto necesita desarrollar toda una secuencia  de comportamientos predatorios. Se requiere “Ojo”    para detectar y reconocer las  presas.  Se necesita  mimetismo y capacidad de “acecho” para ser capaz de acercarse lo suficiente a la presa sin ser detectado. Se requiere capacidad de “Persecución”  para alcanzar a la presa  seguido de la “mordida”, con el fin de sostenerlo mientras otros miembros de la manada llegan y, por último, “matar”. A todo lo anterior  se conoce como la secuencia “Eye-stalk-Chase-Bite-Kill”  que caracteriza a un depredador adulto bien configurado.

Inevitablemente, algunos de estos perros primitivos domesticados  habrían sido mejores en la caza que otros. Con su desarrollo detenido en diferentes puntos, algunos perros habrían sido ideales para el acecho, sin tener que ir a matar. Esto haría posible el desarrollo de perros  ideales para el pastoreo. Igualmente, algunos habrían permanecido extremadamente juveniles y juguetones, sin ningún vestigio de los rasgos dominantes o depredadores,  lo que los haría ideales para la vigilancia del ganado. Otros podrían haber tenido un instinto de posesión pronunciado sobre los objetos, y éstos probablemente habrían sido excelentes cobradores de presa si había la necesidad de un perro de caza.

De esta manera, los perros que eran buenos para determinadas tareas que al hombre le eran útiles,  se mantenían sobre esa línea y se criaban desde esa función, mientras que los otros, que no tenían una utilidad definida, eran sacrificados y utilizados como alimento.  Al hombre no le importaba lo que estos perros parecían ni cuál era su apariencia física, sólo importaba lo que el animal podía hacer.  De ahí partió ya de forma permanente el desarrollo de cada raza dependiendo de las labores que le eran útiles al humano que terminó ejerciendo un liderazgo importante sobre ellos hasta nuestros días en los que ya tenemos una gran variedad de razas y cada una de ellas tiene una función zootécnica que en teoría se debe seguir ponderando para no perderla quedando así inutilizada la verdadera esencia del perro doméstico actual.

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